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La pendeja hora del retiro

El pasado fin de semana, otros grandes campeones mexicanos no daban la talla en el trámite con la báscula. José Luis Castillo y Erik Morales actuaban en la misma función con una idea común: demostrar que todavía tenían suficiente gasolina para mantenerse en circulación en la dura senda del boxeo rentado. La decepción se hizo presente antes de enfundarse los guantes.

Conscientes de que su mejor momento ya pasó, trataban de vencer a su propia conciencia y mostrar que aún quedaba algo. Pero no. En ocasiones, la peor pelea es aquella que se tiene con uno mismo, cuando tú eres tu peor rival. Ni Castillo ni Morales dieron el peso pactado, marcando el primero casi 3 libras de más y el segundo 2. Una falta impropia de curtidos profesionales.

El rival de Castillo, José Miguel Cotto, hermano del próximo reto de Floyd Mayweather, dio una libra menos del peso pactado, 145, y al conocer la negligencia de su oponente se negó a combatir en semejante desigualdad. Negocio que se va al traste, sobretodo para el mexicano, quien pretendía cobrar 25.000$ y lograr algún chance más fructífero para su bolsillo a corto plazo.
Las deudas son culpables de esta mustia situación pero, si ni el agua al cuello le motiva a realizar una correcta preparación, poco más podrá ofrecer en los cuadriláteros. Es hora de buscar otros caminos mientras en el recuerdo siempre perdurará aquella gran guerra con Diego Corrales.

Por su parte, el ‘Terrible’ campeón en 4 divisiones diferentes defendía su título del Consejo Mundial. Pero la balanza lo tumbó. Así que afrontaba un combate en el que no había título que lograr ni nada nuevo que mostrar. ‘Ganarle no va a significar nada’ decía Morales de su rival de 24 años, Danny García. Con estos ingredientes, poco sabor se podía esperar. En la noche de su vida, el joven aspirante derribó al campeón en el 11º y obtuvo una justa victoria a los puntos.

García conserva su invicto, vence a una leyenda y logra su primer título mundial, prometedor futuro le espera. Para Morales es una muestra de que una retirada a tiempo no es nada deshonrosa. Su tiempo ha pasado y es preferible recordarlo como aquél legendario boxeador que dominaba el peso pluma los primeros años del milenio. No hay que estropear la obra en los últimos brochazos.

Hay casos en los que por una serie de motivos, vivencias o circunstancias, boxeadores de su misma edad o mayores rinden y pelean como los más jóvenes, manteniendo su idilio con el deporte en pleno auge; en otros casos, la historia es diferente. Saber decir adiós, o estar preparado para ello, es algo tan arduo que hasta los más grandes pueden malograrse. La última y vital pelea que todos realizarán.

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