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Omar Chávez, el otro hijo de la Leyenda

Crecer en el boxeo a la sombra de un padre legendario es difícil, pero lo es más si también te cubre la de un hermano. Omar Chávez venció a Pablo Vásquez en dos asaltos, tratando de relanzar una carrera que no termina de despuntar. Tiene un talento, motivación y profesionalidad similares a su hermano, pero sus caminos son distintos. “Sueño con cosas grandes. Quiero ser un gran boxeador, si no, me dedicaría a otra cosa”.

Las malas lenguas hablaban sobre su gusto por las discotecas, las mujeres y pasearse en coches de alta gama con la música a todo trapo. Su niñez fue todo lo feliz que el dinero le pudo conseguir: “Mi papá nos compraba todos los juguetes que quisiéramos. En Navidad todo el primer piso de una casa grandísima estaba repleto de regalos”. Pero la enfermedad no le fue ajena y la sufrió desde bien pequeño.

“No tuve mucho tiempo para disfrutar mi infancia. La viví enfermo en los hospitales: tuve meningitis y estuve a punto de morir a los cinco años”. Pero todavía, años más tarde, viviría un acontecimiento tan trágico que le marcaría de por vida: “He pasado por momentos difíciles, como el divorcio de mis padres, o el más difícil de todos: la muerte de Marco Nazareth. ¿Fui culpable, qué hice?”.

En la noche del 18 de julio de 2009, un Omar de 19 años y con acné, vencía por TKO en 4 asaltos a Nazareth, de 23, quien fue trasladado inconsciente al hospital para nunca más despertar. Esta fatalidad provocó un terremoto en su mente y aunque siguió combatiendo y ganando, el desasosiego siempre acecha. “Fue algo que nunca imaginé. Me afectó mucho. Me sentí muy mal, triste, confundido, con muchas preguntas”

Pero algunas cuestiones no tienen respuestas. El riesgo del boxeador siempre está ahí aunque no lo veamos o lo infravaloremos. En lo deportivo, su bestia negra ha sido Jorge Paez Jr, hijo de otro mito mexicano, quien le propinó sus dos únicas derrotas, ambas a los puntos. La superioridad como boxeador de Páez fue patente en sendos encuentros, mostrando estar más cuajado como luchador que Chávez.

Omar, como su hermano, no destacan por una gran técnica o movilidad, su principal baluarte es la pegada. Su apellido les proporciona el crédito necesario para contratar los servicios de los mejores especialistas y atraer el interés del público, pero sobre el ring el boxeador se queda en calzones. Es cierto que apellidarse Chávez vende, si además te llamas Julio César, las ventas se multiplican. Esa es la principal diferencia entre ambos.

La carrera de Julio ha sido mejor cuidada que la de su hermano menor quien además, tuvo que lidiar con los crueles avatares del destino y pese a ello sigue luchando por forjarse un nombre propio. Pero es de ley reconocer que Julio, también con problemas extradeportivos, ha superado sucesivas pruebas: ha vencido a aspirantes mundiales, se ha coronado campeón e incluso le dio el mayor susto de su carrera a ‘Maravilla’ Martínez. Al César lo que es del César.

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