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'El Profesional', de W. C. Heinz

Por Marcos Vilaseca.- Hoy voy a hablarles de una novedad, El Profesional de W. C. Heinz, una novela publicada originalmente en 1958 y recientemente editada en castellano por la editorial Gallo Nero. Heinz (1915-2008) fue un periodista deportivo estadounidense considerado el decano de toda una generación de escritores como Norman Mailer, Truman Capote, Tom Wolfe, Gay Talese o Hunter S. Thompson, que hacia los años 60 crearon aquella corriente que se dio en llamar “nuevo periodismo”, caracterizada por aplicar recursos y técnicas de la literatura de ficción a los artículos de prensa en los que el autor se implicaba directamente y asumía un mayor protagonismo.

Es importante tener esto en cuenta porque, aunque se trate de una novela de ficción, El Profesional también puede leerse como un extenso artículo periodístico. El narrador, Frank Hughes, es un periodista deportivo que acompaña al boxeador Eddie Brown durante todo el mes previo a su combate por el título mundial de los pesos medios con el objetivo de escribir un artículo sobre él. La acción transcurre en el campo de entrenamiento de Eddie, un viejo hotel destartalado junto a un lago a las afueras de Nueva York, regentado por el propietario y su mujer, donde también se alojan y entrenan otros púgiles. Las carreras matutinas, las dietas, el trabajo de gimnasio, la relación de Eddie con sus sparrings, con su mánager y su preparador físico constituyen el material que Hughes va recopilando para su artículo, y que por extensión, forma el eje principal de la novela.

Por tanto, más que una novela sobre boxeo quizá habría que hablar de una novela sobre la espera o la preparación antes de un gran combate de boxeo; no esperen encontrar aquí una acción trepidante, a lo largo del libro en realidad no pasa gran cosa. De hecho, el desenlace, lo que es estrictamente la narración de la contienda final —que exige un tremendo esfuerzo por parte del lector para no leer por adelantado— ocupa apenas 5 de las 381 páginas del libro. ¿Dónde radica, entonces, su interés? Pues, por ejemplo, en la habilidad de Heinz para construir todo un elenco de personajes extremadamente verosímiles, se diría que casi reales, que rodea a los protagonistas: Al Penna —boxeador bromista, siempre de buen humor—, Johnny Jay —preparador físico de Eddie, ex boxeador de verborrea incontenible cargado de anécdotas, como el hilarante método que usaba para evitar pelear en la corta distancia a base de comer ajo crudo—, Girot —el servicial propietario del hotel— y muchos otros más. Mención aparte merece Doc Carroll, mánager y entrenador de Eddie Brown, auténtico filósofo del cuadrilátero, acaso el último sabio del noble arte que, a pesar de llevar más de cuarenta años de experiencia sobre sus espaldas, nunca ha coronado a un campeón del mundo. La pelea de Eddie será su última oportunidad para conseguirlo.

También son excepcionales las reflexiones sobre la práctica boxística que comparten Hughes y Eddie a raíz de la muerte de uno de los personajes, sobre la génesis de la pulsión que lleva a un hombre a querer pegarse con otro —“¿Qué tienes en la cabeza cuando das a otro hombre un puñetazo lo más fuerte que puedes? / Quiero batirle. Él está tratando de batirme y yo trato de batirle. Eso es lo único que hay.”—, las contradicciones que ese instinto suscita —“Peleamos así diez asaltos. No aflojamos nunca y, cuando gané a los puntos, ¿sabes lo que quería hacer? (…) Quería besarle. ¿Cómo se habría visto eso? (…) Quiero decir, durante diez asaltos quise matarle y él peleó como si quisiera matarme, y luego quería besarle. (…) Explícame eso.”— y los remordimientos de conciencia que a veces implica —“Ezzard Charles me dijo una vez que, después de haber noqueado a un hombre, a menudo empezaba a pensar esa noche, o al día siguiente, que quizá podría haber ganado sin noquearle. Empezaba a arrepentirse del KO”—.

Estilo de la novela es ágil, W. C. Heinz se apoya básicamente en el diálogo para desgranar las relaciones entre los personajes y describir la tensa espera, la preparación previa a un combate con un cinturón mundial en juego.

Para acabar, permítanme reproducir un pasaje del libro que un servidor suscribe palabra por palabra. Me van a perdonar la extensión, pero creo que vale la pena: pueden ustedes hacer un copiar-y-pegar y enviárselo a todas aquellas personas que no entienden por qué aman (amamos) un deporte supuestamente cruel y violento como es el boxeo.

“—¿Por qué te gusta tanto ver boxear?

—Porque veo muchas cosas en el boxeo

—¿A qué te refieres?

—A la ley esencial de hombre. La verdad de la vida. Es una pelea, un hombre contra un hombre, y si vas a derrotar a otro hombre, lo derrotas por completo. No le matas de hambre, como intentan hacer en el mundo competitivo, elegante y limpio del comercio. Le dejas allí tumbado, en el suelo, sin sentido.

—Supongo que es eso. No sé.

—Mira. Yo no estoy defendiendo esto. No estoy diciendo que sea bueno. Solo estoy diciendo que existe. Está en el hombre, en todos los hombres. Estoy en contra de la violencia. Detesto las discusiones. Creo en un mundo en el que todo se haga mediante la razón y con honestidad, y donde la fuerza no valga para nada. Quizá llegue dentro de siglos, pero por ahora todavía queda ese resto del animal en el hombre y la ley de la vida está todavía en la ley de la selva, en la supervivencia del más apto. Mientras eso sea verdad, creo que el hombre se revela a sí mismo de forma más completa en la pelea que en cualquier otra modalidad de reto expresivo. Es la guerra generalizada otra vez, y la autorizan y venden entradas y la gente va a verla porque, sin darse cuanta siquiera, ve en ella esta verdad.”

Sólo por estas líneas ya vale la pena que compren el libro.


El Profesional
W. C. Heinz
Novela
Ed. Gallo Nero, 381 págs.

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