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Rigondeaux y el esquivo factor X

En su breve carrera profesional, Guillermo Rigondeaux (13-0; 8 KO), vuelve a coleccionar victorias rodeado de butacas vacías. Nadie le tose y él pide más. Superando la treintena, no puede perder el tiempo ni andarse con rodeos, quiere a los mejores y más rentables. Pronto. Pese a su gran calidad, el cubano no es tratado acorde a su estatus y ambición. ¿Por qué?

Pese a ser una de las grandes canteras el boxeo amateur, donde salen pocos pero muy preciados luchadores, en el ámbito profesional Cuba no tiene la relevancia que respalde el costo de los pago por evento. Su comunidad en Estados Unidos es menos numerosa que la de otros países; se concentra en Florida y su pasión por el boxeo adolece frente a la de otros deportes como el béisbol.

¿Puede ser discriminación? En absoluto. Alguien tan de actualidad como el difunto Nelson Mandela, dijo que el boxeo era igualitario porque, entre otras cosas, no tenía en cuenta la nacionalidad o política. Por poner un ejemplo de un estadounidense de primer nivel valorado por debajo de su clase tenemos a Andre Ward. Otro virtuoso del noble arte, discreto fuera del ring, que no vende por sí solo lo que debería por quilates.

Circula la aseveración de que ‘El Chacal’ es aburrido. Curiosamente el primero en dar vida a esa idea es su promotor Bob Arum. ¿Qué pretende con ello?. Su protegido destila técnica depurada y mucha movilidad, la gran causante de todo el revuelo. “Corre mucho, es zurdo, le falta sangre, no noquea…”, justifican. Cuestión de gustos. No es el único campeón al que se ‘veta’ por estilo y dominio.

Caso similar, y muy diferente a la vez, es el de los hermanos Klitschko. Su carrera pasa casi desapercibida en EEUU, pero en la vieja Europa pagan millonadas por verlos noquear a rivales que ni cosquillas les hacen. No hay que buscar cinco patas al gato con Rigondeaux. No atrae a la masa y desde su promotora no venden oportunamente sus cualidades. No interesa. Supongo que, a sus 33 años, ven un producto perecedero que no compensa tal inversión.

Se denomina ‘factor X’ a ese elemento desconocido que hace que algo triunfe y otro similar fracase. Por qué una canción, un juego, o lo que sea, se pone de moda. No interviene la lógica. Rigondeaux carece de ese factor, mientras otros abusan de él. ‘Más vale caer en gracia que ser gracioso‘, dice el refrán. La realidad económica dicta que ‘eres tan bueno como dinero generes‘. Cantidad por encima de calidad. Oferta y demanda, nada más.

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