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'Doce cuerdas', de Fernando Vadillo

Por Marcos Vilaseca. - La vida de Fernando Vadillo (1923-2001), autor de Doce cuerdas, daría para rodar una película. Nació en Armentia, a las afueras de Vitoria, y siendo todavía adolescente se alistó como voluntario en la División Azul. A su regreso del frente se instaló en Madrid y realizó numerosas entrevistas a personalidades de la vida social, publicadas en diversos medios. Cultivó varias disciplinas artísticas como la poesía (Jirones de azul, 1947) y la pintura —fue un cotizado pintor que sobresalió como retratista y paisajista de factura clásica, llegando a exponer en salas de toda Europa (a pesar de que no he sabido encontrar ningún cuadro suyo en internet)—, pero fue en la novela y en la crónica periodística donde más destacó.
También practicó el boxeo: disputó veinte combates como peso ligero, ganándolos todos menos uno. Su conocimiento del mundo del noble arte le facilitó el ingreso como jefe de la sección dedicada a este deporte en el diario Marca, desde donde pasó al As en 1967. Tuvo, pues, el honor de narrar la edad de oro del boxeo español, un deporte que ayudó a popularizar gracias a sus crónicas. Firmó miles de artículos pugilísticos, lo que le valió el galardón de “mejor periodista del mundo en lengua hispana” otorgado por el WBC, el Consejo Mundial de Boxeo, en 1986.
Sin embargo, seguramente sea mucho más conocido y recordado por su faceta de cronista de la División Azul que por todo lo anterior. Sus múltiples libros sobre la gran epopeya divisionaria son una referencia básica para conocer la historia de aquellos solados españoles que combatieron en la URSS, estemos o no de acuerdo con la ideología política que defendieron. Títulos como Orillas del Voljov (1967); Arrabales de Leningrado (1971); Balada final de la División Azul (1984); Los irreductibles (1993); Los prisioneros (1996); y Muñoz Grandes. El General de la División Azul (1999) han sido reconocidos como testimonios históricos de primera mano y han servido de base a muchos estudios académicos sobre la División Azul.
Como ven, Vadillo no perdió el tiempo; aunque con tanto hablar del autor casi no me queda espacio ya para comentar la novela que nos ocupa… Doce cuerdas se publicó originalmente en 1960 (aunque algunas páginas de internet afirman que fue en 1949) y es la única obra de ficción de Vadillo sobre boxeo (también firmó el ensayo Boxeo y mafia y la biografía El coloso de dos continentes sobre su amigo y camarada Paulino Uzcudun).
La novela se desarrolla en el Madrid de la posguerra, en una época de pobreza y depresión en el que el boxeo representaba para muchos su única oportunidad: “El boxeo crecía en Madrid a la sombra del suburbio. Los miserables, los desarrapados, los que rinden culto a la fuerza, los que no poseen otro patrimonio que el de la carne, los vanidosos, los audaces…, toda una fauna ávida de gloria bullía en torno a las malolientes salas de entrenamiento.” Es en este escenario donde el entrenador y mánager Martínez descubre a Ernesto “Kid” García, un prometedor peso welter al que acoge bajo su protección. Pero el comienzo es duro: al principio entrenan en un “destartalado garaje de carretera”, luego en la trastienda de la taberna “Las Delicias” —regentada por un matrimonio desavenido y frecuentada por unos parroquianos de lo más variopinto— y finalmente, cuando despega la carrera profesional de “Kid” García, en un gimnasio de la calle León. Ernesto tiene una novia, Carmela, a la que engaña a menudo; es una de sus queridas, “la Nati” la que le inicia en el estraperlo barato para tratar de sobrellevar la miseria de sus inicios como púgil.
Gracias a su talento, la carrera de Ernesto se cuenta por victorias. Así llega el momento de pelear por el campeonato de España contra el veterano Theo Villaseca (personaje al que tengo especial cariño por la similitud entre nuestros apellidos), un rival al que “Kid” se verá obligado a propiciar un severo castigo del que Theo ya nunca se recuperará. Tras la victoria vienen la fama y el dinero, acompañados también del remordimiento por haber dejado “sonado” a su colega. A partir de ahí, “Kid” inicia una gira por Sudamérica a la vez que sucumbe a la tentación de vida nocturna, las mujeres, la bebida, el juego y los coches deportivos. Esa conducta canalla y la relajación en su entrenamiento le pasarán factura a la hora de defender su título ante “Young” Frutos, un joven ansioso por jubilar al viejo “Kid” Garcia, en un último y emocionante combate.
(Permítanme un inciso, pero ¿acaso no encuentran ustedes un sorprendente paralelismo entre el personaje de Ernesto y cierto boxeador español? ¿No ven en la carrera ficticia de “Kid” García un anticipo de la posterior vida real de Poli Díaz?)
Hasta aquí el argumento, pero quizá lo más interesante de Doce cuerdas sea la capacidad de Vadillo para sumergirnos en el triste contexto de la posguerra española, en la dolorosa lucha de los habitantes de la capital por sobrevivir —representada por la picaresca de los diferentes personajes secundarios de la novela, cada uno con su trágica historia y sus modestos recursos— y en el ambiente casposo, gris y corrupto del mundo del boxeo, pero también de la sociedad de aquella época.
A parte de la edición original de 1960, cara y difícil de encontrar, existe otra de 1972 a cargo de la desaparecida editorial Marte de Barcelona —a la que pertenece la bonita portada que encabeza este artículo— algo más asequible. Yo tuve la suerte de conseguir un ejemplar algo gastado de esta última por unos 18 euros en un almacén perdido de Logroño a través, cómo no, de la web de iberlibro. Si desean hacerse con uno, ya saben: suerte y perseverancia.

Doce cuerdas
Fernando Vadillo
Novela
Ed. Marte, 1972, 336 págs.

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