Boxeo Total

Dime de dónde eres y te diré lo que vendes

Vivimos en una sociedad de consumo, donde el éxito viene marcado por el número de ventas, audiencias o menciones, lo cual no siempre va acompañado de la ‘excelencia’. Muchas veces prima la cantidad a la calidad, la popularidad al mérito. El boxeo, como negocio, no es ajeno a esta realidad. Casos llamativos son los de Guillermo Rigondeaux y Gennady Golovkin.

Tan buenos que nadie quiere pelear con ellos. Alto riesgo por poca recompensa. El cubano terminó contrato con la poderosa promotora que lo llevaba para consuelo de la misma. ‘El Chacal’, uno de los mejores boxeadores del mundo, no obtenía la rentabilidad deseada por Top Rank. Tachado de aburrido, su estilo técnico y de gran movilidad no se traducía en taquilla.

Golovkin, noqueador empedernido, vio como su última pelea ante el rival de mayor percha al que se ha enfrentado, bajaba en audiencia en relación a anteriores apariciones. No termina de despuntar televisivamente. Con todo, HBO, conocedora de que el KO es al boxeo lo que el gol al fútbol, le amplía contrato sabiendo que cuando él pelea siempre dejará la imagen del fin de semana.

Un matiz a tener en cuenta: el contexto económico. Las ventas han sufrido un retroceso. El poderoso Floyd Mayweather ya no bate récords y es que, más allá del discutible atractivo de sus rivales, los precios se han mantenido en una época en que el aficionado mira muy mucho dónde gasta las perras. “Hay que subir la calidad. Tenemos que darnos cuenta de que los números están muy por abajo. La gente no está comprando como antes”, dijo Bob Arum.

Dicho esto, si al espectador medio en Estados Unidos, de momento el gran mercado del boxeo, no le convence un virtuoso, ni un cañonero, ¿qué quiere?. Más allá de diversas explicaciones, destaca la afinidad. Triunfar hoy en América sin ser yanqui, mexicano o boricua, los tres grandes grupos de aficionados pertenecientes a los países que más campeones mundiales han dado al pugilismo, es una tarea difícil. Mayor mérito para Manny Pacquiao.

El histórico promotor George Parnassus dijo: “No me interesa si un boxeador es zurdo, mexicano, bueno, noqueador, blanco o negro; me interesa que sea taquillero”. La nacionalidad pesa más que el talento. ¿’Canelo’ es el 3º mejor boxeador del mundo?. No, pero ocupa ese puesto en ingresos. A menor escala, algo parecido ocurre en España, donde a las veladas suelen acudir amigos, conocidos o compañeros de quien pelea. Aficionados que van solamente por el placer del noble arte son minoría.

Así que, salvando las distancias, la afinidad tiene su importancia y es comprensible. Triste realidad del mercado. Es una lástima que el beneficio económico no repercuta en los mejores y perjudique a los aficionados que disfrutamos del deporte por encima de condicionantes extra-deportivos.

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