Boxeo Total

'Boxeo sobre hielo', de Mario Cuenca Sandoval

Por Marcos Vilaseca. - Sean bienvenidos todos de nuevo a este rincón literario que hoy retoma su actividad tras la pausa estival. Si, como presumo, son ustedes fieles seguidores de la sección, sabrán que durante el curso pasado comentamos un total de dieciséis obras que, en mayor o menor medida, se ajustaban al título de “Literatura y Boxeo”. Si les explico esto es porque, pese a lo que leerán a continuación, mi intención es seguir en la misma línea durante la presente temporada.
Y es que el libro que voy a comentarles tiene bastante más de literatura que de boxeo. No esperen leer en Boxeo sobre hielo, de Mario Cuenca Sandoval (Sabadell, 1975), trepidante acción pugilística ni extensas reflexiones sobre el arte de “pegar y que no te peguen”. No; por el contario, en este libro se entretejen diversas tramas relacionadas a través de vínculos no siempre explícitos que, sin embargo, acaban conformando un tapiz pretendidamente lógico y coherente.
En líneas generales, la novela está narrada por Mikel Larretxi Gris, hijo de los dos protagonistas: Miguel “el Loco” Larretxi, un peso súper ligero que destacó entre finales de los 60 y principios de los 70, y Margot Gris, una enigmática y sensible pianista-organista. Ambos viven dominados por una turbulenta y enloquecida pasión en la que también se verá implicado Tino Ferré —arquetipo del moderno antifranquista de postal, propietario de “El Grito”, el local madrileño de moda, productor de los discos de Margot y especie de gurú del viaje ácido—. De esa violenta relación nacerá Mikel, quien años después recorrerá media Europa tratando de recomponer las piezas de la confusa historia amorosa de sus padres, a la vez que elabora una alucinada “anti-guía” de viaje en la que describirá los escenarios que va dejando atrás (Oslo, Amberes, París, Roma…)
Tanto Miguel como Margot tiene su reflejo en otros dos personajes que sirven de contrapunto a los protagonistas. Por un lado, Basil Tóth, el entrenador de “el Loco”, un emigrante húngaro dueño del gimnasio Leónidas que siente cierta atracción sexual por los jovencitos rubios; y por el otro, Alicia, hermana de Margot, quien se ocupará de cuidar del pequeño Mikel cuando sus padres no estén en condiciones de hacerlo.
Por medio de la narración se entrecruzan las vidas de personajes reales como Thor Heyerdhal —aventurero que trata de cruzar el Pacífico en una balsa precolombina—, Harold H. Gardiner —el primer escalador urbano de la historia, más conocido como “la Mosca Humana”—, Milman Parry —estudioso de la poesía oral, descubridor de un granjero analfabeto serbio capaz de recitar miles de versos de memoria— y Roald Amundsen —explorador noruego que trata de ganarle la carrera a Robert F. Scott hacia la conquista del polo sur geográfico—.
A pesar de lo dispares que puedan parecer estos personajes y su escasa o nula relación con la trama principal, el autor consigue encajar las diferentes líneas argumentales combinando hábilmente el eje principal y las ramificaciones secundarias mediante capítulos cortos y directos. Tal y como arguye el narrador: “Es cierto: hay un modo ortodoxo de contar historias, que consiste en trenzarlas sobre una columna de sentido. (…) Pero yo, filólogo enfebrecido, rendido a la seducción de los signos, he buscado la fábula que iluminara las demás fábulas, aunque no logré sino multiplicar los pasillos del laberinto”.
Las escenas boxísticas (escasas, ya se lo advertía al principio) describen básicamente cuatro momentos: 1) “el Loco” Larretxi vs Manuel Aguilar-Müller en Gijón , 1966, por el campeonato de España, combate de rápido final; 2) la defensa del título estatal contra “el Mono” Laarbi en 1970, contienda de fatal desenlace; 3) la pelea del mismo año en Dublín contra Lowey por el cinturón europeo de los súper ligeros; y finalmente, 4) el combate principal frente al noruego Knut Johnsen por la corona mundial en el Amundsen Arena de Oslo, en 1971, cuyos días previos y posteriores serán cruciales en la historia de la pareja Miguel-Margot.
Hay que decir, eso sí, que las descripciones de los combates son acertadas y consistentes, a pesar de que el propio narrador reflexione sobre la dificultad de explicar con justicia lo que pasa sobre el ring: “Para hacerlo sería necesario un lenguaje fisiológico, quiero decir: un lenguaje en que el lector percibiera la sed, el calor de los focos, el sabor de la sangre en la toalla, el dolor de cabeza. Mi padre siempre me dijo que para sentir todo eso hace falta subir al ring.”
Por último, añadir que la novela obtuvo el Premio Andalucía Joven de Narrativa 2006 (merecidamente, en mi opinión), una razón más para recomendarles encarecidamente su lectura.


Boxeo sobre hielo
Mario Cuenca Sandoval
Novela
Ed. Berenice, 2007, 260 págs.

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