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'El combate del siglo', de Jack London

Por Marcos Vilaseca. - ¿Le suena aquello de que uno no debería conocer nunca a sus ídolos? Pues es un poco la sensación que me queda tras la lectura de El combate del siglo de Jack London. Siempre es difícil separar al autor de su obra, saber diferenciar entre su carácter, su ideología, su concepción vital y aquello que es capaz de crear con su imaginación. Por eso ha sido un tanto decepcionante para mí descubrir ciertas tendencias racistas en Jack London…
Pero vayamos por partes. El libro del que voy a hablarles trata sobre el primer gran combate del siglo XX (un calificativo que, como saben, se ha usado posteriormente en varias ocasiones), el primer acontecimiento deportivo que recibió atención mediática a escala mundial: la pelea que enfrentó el 4 de Julio de 1910 en Reno, Nevada, a James J. Jeffries “la gran esperanza blanca” contra Jack Johnson “el gigante de Galveston” por el título mundial de los pesos pesados. Una contienda que se desarrolló en medio de un clima de tensión racial y que significaba mucho más que un simple combate de boxeo; estaba en juego nada menos que el prejuicio ―muy extendido en aquella época― sobre la supremacía de la raza blanca.
El combate prometía ser algo excepcional. “Se mire como se mire, nunca ha ocurrido nada igual en la historia del cuadrilátero, y no hay posibilidad de que ocurra en el futuro, al menos durante nuestra vida”, escribe London. Y es que la historia no estaba carente de morbo: desde que se proclamó campeón de los pesos pesados frente a Bob Fitzsimmons en 1899, Jeffries acabó con todos los aspirantes blancos de la categoría, negándose tozudamente a pelear contra boxeadores negros hasta retirarse invicto en 1905. Johnson por su parte, conquistó “Título Mundial de los Pesos Pesados para Boxeadores de Color” en 1902; sin embargo, sus esfuerzos para pelear contra el campeón blanco se vieron constantemente frustrados. Por fin en 1908, tras la retirada de Jeffries, Tommy Burns accedió a enfrentarse a Johnson en Sidney, Australia, perdiendo claramente el combate por KO técnico en 14 asaltos. Posteriormente, Johnson defendió el “título unificado” en varias ocasiones contra boxeadores blancos muy inferiores e incapaces de plantarle cara. Así las cosas, la presión pública y mediática obligó a Jeffries a regresar al ring para devolver al hombre blanco aquello que, según ellos, le pertenecía por derecho propio.
El libro recoge las crónicas diarias que Jack London, enviado a Reno como corresponsal del New York Herald, escribió durante los once días previos al combate. Como les decía al principio, London no puede evitar destilar ciertas inclinaciones racistas que, aunque no pretendo justificar, también cabe valorar en su justa medida. Sumido en un contexto histórico y social de un país con una larga tradición esclavista seguramente le era difícil no dejarse contagiar por los prejuicios dominantes. Así, a la hora de valorar el estilo defensivo del campeón negro ―basado en mantener la distancia, dar un paso atrás en el momento oportuno y esperar el fallo del rival―, no duda en tildarlo de “cobarde”, cuando años antes la misma técnica usada por un púgil blanco, Jim Corbett, le había valido ser conocido como “el hombre más inteligente del cuadrilátero”.
En sus once breves artículos, London analiza a los dos púgiles, su carácter ―la fría distancia del esquivo Jeffries, a quien no le gustaban las muchedumbres y mucho menos los elogios, y la cercanía, el humor y la verborrea de Johnson, a quien le encantaba conceder entrevistas y el contacto con el público―, sus puntos fuertes, sus debilidades y su estilo de lucha. También describe brevemente el tenso ambiente que se respiraba en Reno, hace pronósticos sobre el resultado de la pelea y se hace eco de las apuestas. Como datos curiosos y sorprendentes para el aficionado de hoy en día, cabe señalar que el contrato firmado por los boxeadores estipulaba que “el combate constará de cuarenta y cinco asaltos o más” (curiosa manera de decir que no habría límite de asaltos) y que “se desarrollará siguiendo estrictamente las reglas del Marqués de Queensbery y con guantes de cinco libras” (aunque en un momento dado London afirma, presumo que por error, que se usarían “guantes acolchados que pesan un tercio de libra”).
Tras las crónicas de London, el libro incluye un extenso artículo del profesor de Derecho de la Universidad de Arizona Barack Orbach (publicado originalmente en 2010) que analiza las consecuencias del combate. La clara victoria de Johnson provocó una serie de disturbios raciales que causaron varios muertos, lo cual hizo que se prohibiera la posterior exhibición de la pelea que una sociedad de inversores había grabado con fines comerciales. Esta censura, que se extendió por todo EE.UU., no sólo afectó al combate en cuestión, sino a todo el boxeo en general.
Me pregunto qué habría pasado de haber sido Jeffries el ganador. Probablemente no hubiese habido ni polémicas ni censuras, al contrario. Pero al noquear a Jeffries, Johnson también derribó muchos mitos y prejuicios, mucha sed de venganza; fue la toda la américa blanca la que rodó por el suelo junto al excampeón. En mi opinión, no era únicamente la raza de Johnson lo que molestaba a la clase dominante, sino también que no agachase la cabeza como un “Tío Tom” cualquiera, que se tomase los derechos y libertades que su propio país le negaba sin esperar su aprobación o que alardease de tener amantes (en plural) blancas; en definitiva, que exhibiese orgulloso su negritud.
Y luego estaba, por supuesto, su afilada lengua. Como explica London: “Johnson es un antiguo maestro de la lucha verbal dentro del cuadrilátero. En su combate contra Tommy Burns, Johnson se enzarzó en una lucha verbal contra Tommy, los asistentes de Tommy y todo el público australiano, y se llevó los laureles. Debemos añadir que de sus labios no salió ni una palabrota ni un insulto. Todo lo que dijo era genuina diversión, puro ingenio, agudeza y jocosidad”. ¿No les recuerda mucho a otro boxeador negro que también fue duramente criticado por su lucha a favor de los derechos civiles de los negros?
Por último, solamente añadir que la edición de Gallo Nero es del año 2011, así que difícilmente la encontrarán en su librería habitual a no ser que la encarguen. Si no, también pueden comprar el libro a través de la página web de la editorial o en algunas librerías de internet.


El combate del siglo
Jack London
Crónica periodística
Ed. Gallo Nero, 2011, 142 págs.

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