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En defensa del boxeo

Por Gordon Marino. – El New York Times apenas cubre el boxeo profesional. Sin embargo, el domingo 28 de marzo de 2016, este periódico americano de referencia cubrió dos historias de boxeo con un par de largos artículos. Uno, “En la esquina de todos”, es la historia del Toronto Newsgirls Boxing Club. Este club es un refugio para cientos de personas transexuales. El otro, “La lucha”, es la trágica historia del combate profesional en Youngstown, Ohio, entre Anthony Taylor y Hamzah Aljahmi.
Taylor ganó, y Aljahmi, de 19 años de edad, fue enviado a la tumba a causa de los golpes que llovieron sobre él en doce minutos de acción continua. Dan Barry, autor del texto, destaca el carácter y aspiraciones de los combatientes. También presenta una clara descripción de la dura vida en el primer peldaño de la escalera profesional.
Es loable que Barry no diga a su público lo que tiene que pensar sobre una muerte en el cuadrilátero. Sin embargo, algunos lectores se apresuraron a compartir sus conclusiones. Uno de ellos escribió: “El negocio provocó una muerte. Trágica, aunque no inusual o sorprendente. Una sociedad civilizada debería prohibir esto“.
Otro, moralizaba: “Que dos hombres entren en un ring es algo que está mal“. Un tercero interviene: “Espero que los deportes propios de hombres de las cavernas como el boxeo, la lucha libre, junto al fútbol americano, sean prohibidos, para evitar un mayor daño a los atletas y controlar nuestros instintos primitivos“.
Como entrenador de boxeo desde hace treinta años, puedo asegurar que el pugilismo profesional, e incluso el amateur, puede ser una actividad peligrosa. Ha habido noches bajo los focos en la que he sido testigo de la sed de sangre de aficionados, árbitros y entrenadores ineptos.
A veces me he sacudido la cabeza con disgusto y preguntándome: “¿Qué estoy haciendo aquí?”. Sin embargo, de vuelta en el gimnasio, con hombres y mujeres jóvenes que no tienen los medios para desatar su energía e ira en pistas de esquí, recuerdo por qué estoy vendando manos y sosteniendo la bolsa pesada.
El boxeo no sólo revela el carácter; lo desarrolla. Como enseña Aristóteles y Kierkegaard, existe el riesgo de no correr riesgos. El valor es el eje central de la vida. La construcción del valor requiere algo de práctica para hacer frente al miedo, y cualquier persona que evita toda actividad que viene con la posibilidad de daño físico va a tener dificultades para desarrollar el temple necesario en las exigencias de la vida.

El boxeo no sólo revela el carácter; lo desarrolla

Como el artículo del Newsgirls Boxing Club deja claro, cuando está bien supervisado, el boxeo ofrece enseñanzas para aprender cómo lidiar con el miedo y otras emociones que nos pueden dañar como un gancho de izquierda.
El deporte de los guantes tiene un atractivo especial para los jóvenes que no van a surfear o a hacer escalada en vacaciones. Todos necesitamos amor. Hay millones de niños que nunca oyen una palabra bondadosa o de apoyo en casa. Lo mismo en la escuela. Algunos de ellos llegan al gimnasio y, si aguantan, por primera vez en su vida que sienten la luz del sol, alguien que les dice que son buenos en algo.
Hay una sensación de familia en un gimnasio de boxeo que no se consigue en el campo de fútbol. Los niños se arrastran con sudor y miedo todos los días, y en el proceso algunos de estos jóvenes boxeadores desarrollan un sentido de disciplina, respeto por sí mismos y autocontrol que es transportable fuera del gimnasio.
Es por esta razón que el ex campeón de peso pesado -y reverendo- George Foreman me dijo una vez: “El boxeo hace a los niños menos violentos, porque les enseña a controlar sus emociones, su rabia y su miedo“.
Esto en cuanto a las razones positivas para el boxeo. Pero tengo que levantar una ceja. ¿Existe un prejuicio de clase detrás de los golpes dirigidos al boxeo? Coje los tres deportes no tan extendidos que los ricos, famosos, y gente de clase media-alta suelen practicar en Estados Unidos: el esquí, el ciclismo y la escalada.
Entre los tres suman miles de lesiones en la cabeza y muertes que se producen en el mundo cada año. Sin embargo, nunca se oye un murmullo acerca de la prohibición de estas actividades. Pero si las lesiones y la muerte son lo que nos interesa, entonces ¿por qué no prohíbe el gobierno el acceso a determinadas pistas o montañas?

El boxeo enseña a controlar las emociones, la rabia y el miedo

Seguro que algunos responderán que todo se trata sobre las intenciones, que a diferencia del boxeo, estos deportes que practica tanta gente de bien, no se apoyan sobre intenciones brutales.
Si bien es cierto que los boxeadores pasan entre las cuerdas con la aspiración de golpear al otro, por lo general salen del ring con un sentido perdurable y sincero de respeto por el oponente que es difícil de igualar. El boxeo no hace a sus practicantes más brutos.
En su tercera pelea ante Tim Bradley, el futuro miembro del Salón de la Fama del Boxeo Manny Pacquiao, abrazó a su amigo y rival, y lo invitó al desayuno de la mañana siguiente. No es sólo el respeto entre los boxeadores; hay un nivel de afecto que va más allá de reconocer fríamente el cuerpo y dignidad de los seres humanos. La intención final tras un mano a mano no es hacer daño, sino desarrollar el valor, la fuerza, el compañerismo y el autocontrol.

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