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Ignacio Ara, el "Catedrático de las 12 cuerdas”

La figura de Ignacio Ara constituye la piedra angular del boxeo español en su manifestación más pura, científica y artística. Nadie como él hizo gala de tan alta esgrima, de tan perfecta técnica y de tan elegante y armonioso estilo. Ver boxear a Ignacio era asistir a un espectáculo inolvidable.

Nació en Sigües, aldea aragonesa lindante con los montes navarros del valle del Roncal, el 29 de abril de 1909. A los 8 meses, sus padres, campesinos, trasladan su residencia a Mauleón, pequeña localidad de los Bajos Pirineos franceses. Al estallar la Primera Guerra Mundial, y mientras las tropas prusianas avanzan sobre París, la familia cruza la frontera y se establece en Jaca, para regresar a Mauleón en 1918.

A los catorce años de edad, Ignacio ingresa como aprendiz de cocinero en un hotel de París, ciudad donde conoce a Paulino Uzcudun y a Isidoro Gastañaga, al que pronto le une una firme amistad. De Isidoro recibe las primeras lecciones pugilísticas en el famoso gimnasio Anastasie, y con él se traslada a San Sebastián en 1926.

El 4 de diciembre, Ignacio ara disputa su primer combate en la capital donostiarra, noqueando en un asalto al italiano Ambrosini. Tras unos meses de adiestramiento en el gimnasio Gros, el nuevo pugilista comienza a subir al 'ring' una vez por semana. Disputa 37 combates en España -36 ganados por KO y uno por puntos- antes de regresar a París para debutar en la vieja sala Wagram.

En París derrota a importantes figuras europeas, y el promotor parisiense Jeff Dickson le presenta en Londres, donde noquea a Joe Hibotton y hace nulo con el campeón de Inglaterra, Bloomfield.

A finales de 1928, Ignacio ara embarca en Soupthamton rumbo a Nueva York. Tiene diecinueve años, y su presentación en la Meca del pugilismo, batiendo por KO a Eddie Ederson, le abre las puertas de los grandes estadios y salas de boxeo.

Noquea seguidamente a Hoffman, y derrota a Johnny Pilk y a Marlik, antes de realizar una gira por Centroamérica: gana en Cuba la totalidad de los nueve combates disputados; actúa con éxito en México, Puerto Rico y Florida. Y,y tras una breve visita a España, vuelva a Nueva York, entablando 49 peleas en Norteamérica, con una sola derrota.

El 29 de julio de 1931 disputa con el judío neoyorquino Morris Jebaltowsky -que popularizó el seudónimo de 'Ben Jeby'- un combate eliminatorio para designar al sucesor de Mickey Walker en el trono mundial del peso medio. Derribó dos veces a 'Ben Jeby' en el curso de los diez asaltos, dominándole de campana a campana. Pero los jueces decretaron la victoria del norteamericano, y Ara descendió del cuadrilátero llorando y con el irrevocable propósito de no volver a pisar jamás la lona de un “ring” de Estados Unidos.

De vuelta a España, Ignacio Ara noquea en dos asaltos a Ricardo Alís e inicia una larga “tournée” por Francia, Alemania, Italia, Hungría y Austria.
El 9 de mayo de 1932 -año en que 'Ben Jeby' es proclamado campeón del mundo-, Ignacio se adueña del título europeo de los pesos medios batiendo al austriaco Neubauer, en Viena, por KO en diez asaltos.

Siete meses después, el 5 de diciembre, Ignacio Ara (a quien los americanos llaman ya “el catedrático de las 12 cuerdas”) disputa en París a Marcel Thil la diadema universal del peso medio reconocida por la NBA y la EBU -la NYSCA reconocia, a su vez, a 'Ben Jeby'-, y pierde por puntos en diez periodos. La inteligencia, la técnica, el arte y la armonía de Ignacio Ara no bastaron para superar la fuerza y la resistencia monolitica de Marcel Thil, un fajador nato, que no concebía tregua ni cuartel a sus enemigos.

El segundo encuentro Thil-Ara se celebra también en París, la noche del 26 de febrero de 1934, siendo igualmente valedero para el título mundial. Ignacio exhibe a lo largo de los quince asaltos unas dotes de excepcional esgrimista, a pesar de lo cual el veredicto es favorable al campeón. No conforme con él, Ignacio reta de nuevo al púgil francés, que acepta defender su corona en Madrid, el día 1 de junio de 1935.

Aquella noche -la misma en que es “Sangchili” arrebata en Valencia a Al Brown la diadema del peso gallo-, Ignacio gana arrolladoramente los cinco primeros asaltos en la Plaza de Toros de Las Ventas. Mas a partir del sexto “round” el campeón con su estilo rudo y descarnado de gladiador primitivo, inicia una ofensiva demoledora sobre un boxeador más científico, pero menos vigoroso. Ignacio perdió por puntos el combate y con él su tercera oportunidad de erigirse en el trono mundial.

Pero el “Catedrático de las doce cuerdas” siguió triunfando en Hispanoamérica. Un año antes (1934) había entablado 55 peleas entre Cuba, Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Bolivia y Colombia, encajado solamente cuatro derrotas. Vuelve a cruzar el charco después de su derrota frente a Marcel Thil, y, una vez concluida la Guerra Civil, sea finca en Madrid. En 1942 arrebate el título español de los medios a Eloy Lafuente, y en 1945 sucede a Fidel Arciniega en el trono de los semipesados.

Hasta que en 1947, a la ya avanzada edad de treinta y ocho años, Ignacio Ara cuelga los guantes, abandona el título y se convierte en preparador de boxeadores. En 1954 marcha a Buenos Aires, contratado por el Luna Park, para proseguir allí su magisterio pugilistico.

El viejo y entrañable “Catedrático de las doce cuerdas”, o “Don Ignacio”, como también le llamaron al otro lado del Atlántico, siguió como preparador de la selección nacional de boxeo amateur del Perú.

Y siguió siendo, para los españoles, la figura cumbre del pugilismo hispano en su aspecto técnico y artístico; que si algún boxeador ha merecido el calificativo de “genial” a través de los tiempos, ese boxeador no puede ser otro que Ignacio Ara.


(Texto: "El boxeo". 1965. Meyer&Girard. Plinto)

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